Hay muchísimos trámites que podrías resolver tú directamente. El problema es otro: o no sabes que puedes, o no quieres gastar tu tiempo peleándote con el escrito.
Una carta de Hacienda, una multa, una reclamación a la teléfono, un recurso al ayuntamiento… no necesitan casi nunca un abogado. Necesitan que alguien te diga, en cristiano, qué te piden, dónde se resuelve y qué escribir. Eso es lo que hacemos.
Y lo hacemos con una idea fija: no queremos que dependas de nosotros. Si tu caso lo puedes resolver solo, te lo decimos y te explicamos cómo, gratis. Solo cobramos cuando prefieres que te ahorremos el rato de prepararlo.
Si tu caso no tiene recorrido, o lo puedes hacer tú en cinco minutos, te lo decimos. Aunque no cobremos.
Lo que cobramos es por quitarte el trabajo de redactar y reunir la documentación, no por un secreto que no puedas saber.
Miramos tu documento, te damos el resultado y lo borramos. Ni una persona ni el programa que analiza ven tus datos.
En el fondo es sencillo: la burocracia está escrita para que no la entiendas. Nosotros la traducimos y, si quieres, te la preparamos. Nada más.